Tinto Joven

Rosado

Blanco

Single vineyard

Reserva

Crianza

¿Qué es el León Dormido?

La uva blanca en Rioja es la Viura. Existen algunas parcelas muy interesantes de Malvasía y –aun mejor- Garnacha blanca, pero la reina aquí es la Viura. No es la variedad más aromática, pero es potente, cremosa, llena de cuerpo y, si está plantada en el lugar adecuado, da vinos extraordinarios con una gran capacidad de envejecimiento.

 

En las tierras altas del valle del Najerilla, las más frías de la Denominación Rioja, encontramos lo que andábamos buscando: un viñedo viejo de Viura con suelos pobres y rendimientos bajos. Las uvas maduran lentamente, y el frío de las noches conserva la acidez fresca y chispeante en ellas.

 

El mosto fermenta a temperatura controlada en un depósito de acero inoxidable y, cuando termina, descansa después en un tanque de cemento durante 3 meses, para que el vino repose y se desarrolle sin perder ni un ápice de fruta por culpa de interferencias del roble (lo que le sucedería al entrar en barrica).

 

Un Crianza debe mostrar siempre un delicado equilibrio entre fruta y roble, cuerpo y elegancia. Nada debe sobresalir. Nosotros también queremos buscar la armonía entre las Rioja Alta y Baja, y hemos vendimiado cepas de Tempranillo del pueblo de San Vicente de la Sonsierra y uvas de Graciano en Tudelilla. El Tempranillo aporta los toques de clase, su terciopelo y su fondo balsámico, y el Graciano llega con toda su fruta, su color y su carácter salvaje. El vino ha reposado en barricas de roble americano durante más de un año para calmarse.

 

Perfecto para tomar con todo tipo de asados, guisos, quesos y, por qué no, dulces. Solo tampoco va mal…

 

De vez en cuando, si tienes suerte, después de un largo día puedes sentarte a descansar y tomar un trago en una de esas viejísimas viñas de Rioja Alta, donde el bosque se funde con el viñedo. Como ésta de Mendiguerra, plantada en 1931 en el pueblo de Briones con Tempranillo, Graciano, Mazuelo y Garnacha.

 

La tierra de Mendiguerra tiene que ser trabajada a mano, ya que no había tractores en los años 30, y nuestros abuelos plantaban las cepas de forma que los caballos pudiesen pasar entre ellas y tirar de arado. No aplicamos herbicidas ni pesticidas, y el hinojo, el tomillo y la lavanda crecen junto a las cepas. La vendimia también se realiza a mano, y las uvas son transportadas en pequeñas cajas de plástico a la bodega, para que así no se estrujen. Una vez allí, todos los racimos son revisados en una mesa de selección, y nos aseguramos de que sólo las uvas perfectamente maduras y sanas lleguen a los depósitos de fermentación.

 

El mosto fermenta a temperatura controlada en depósitos de acero inoxidable con su propia levadura autóctona. Ni pre-maceramos ni post-maceramos: queremos que el vino retenga todos esos aromas sutiles que de otra forma perderíamos para siempre.

 

Cuando las levaduras han terminado su trabajo, trasegamos el vino a barricas de roble francés, donde comienza la fermentación maloláctica. Se trata de un largo período de tiempo en el que batoneamos el vino frecuentemente para que se haga más amplio y redondo. No usamos 100% de barricas nuevas, ya que no queremos que la madera aplaste la fruta. Un tercio son barricas nuevas, un tercio de un año y otro tercio de dos años. Así creemos encontrar el equilibrio.

 

Antes de la siguiente vendimia, cuando el vino casi ha estado en barrica durante un año, lo clarificamos con clara de huevos frescos y lo embotellamos sin filtrar. Si abres una botella, aún puedes percibir los aromas de las plantas silvestres que crecen en Mendiguerra.

 

Una montaña. El “León Dormido” es una de las montañas más famosas de Rioja, gracias tanto a su divertida forma (de verdad que parece que la bestia se está echando una siesta) como a su tremendo hayedo. Pero el León Dormido es ahora además un proyecto vinícola. Miguel Merino Navajas (que junto a su padre elabora los prestigiosos vinos de Rioja ‘Miguel Merino’) está trabajando en las tierras más escondidas de la DOC Rioja para crear esta nueva gama de vinos.

Todas las uvas del León Dormido Reserva vienen de nuestras viñas en las laderas de la Sierra de Yerga, en la Rioja Baja, la “Rioja Mediterránea”. Las cepas están plantadas a una altitud de 600-700 metros en tres parcelas distintas:

 

•   La Montesa, justo al límite de altitud del cultivo de la vid, junto a un hermoso pinar. De aquí proceden nuestras uvas de Tempranillo. Suelos pobres calcáreos y arcillosos.

•   Rihuelo, con suelos profundos, pedregosos y calcáreos, perfectos para la Garnacha.

•   La Pasada, la más salvaje de nuestras viñas, donde los Tempranillos más viejos y la Graciano crecen junto a un robledal.

 

Debido a la avanzada edad de las plantas, la vendimia se hace a mano. Evitamos las horas más calurosas del día para asegurarnos de que la fruta llega fresca a los depósitos de fermentación de acero inoxidable. El mosto fermenta a temperatura controlada de 28-30ºC durante más de dos semanas para extraer todos los aromas, colores y sabores de las uvas. Como la elegancia no se puede alcanzar sino con tiempo, nuestros reservas descansan durante 24 meses en barricas de roble americano y francés, y durante al menos otros dos años más en botella antes de salir al mercado.

La Rioja Baja es la Rioja Mediterránea. Menor altitud, clima más cálido…el lugar perfecto para la Garnacha. La ribera del Ebro es quizá el mejor lugar de España para las huertas, pero ése no debería ser nunca hogar para un buen viñedo. Tienes que caminar hacia la Sierra de Yerga y ahí sí encontrarás las mejores cepas de la Rioja Baja: suelos pobres, 500 metros de altitud, noches frescas y mucha exposición solar.

 

Presentamos este Garnacha & Tempranillo tinto joven. La Garnacha aporta su fruta, sus especias y los toques más indómitos. La Tempranillo la envuelve con sus notas aterciopeladas, su acidez y su equilibrio. Nada de madera: sólo fruta.

 

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¿La verdad? No nos gustan los rosados potentes y recocidos. Preferimos los claretes ligeros y de color pálido que te invitan a beber y beber (siempre con moderación, claro). Esos eran los típicos 'claretes' que se elaboraban en las tierras altas del valle del Najerilla hace años y que son tan difíciles de encontrar hoy.

Por suerte hemos hallado el lugar adecuado en el pueblo de Badarán. Una viña de Garnacha plantada en un suelo muy férrico que aporta sus notas minerales al vino, y otra pequeña viña de uva blanca Viura, que añade complejidad y cuerpo. ¿Cómo se elabora este vino?

 

Dos fermentaciones diferentes. En cuanto vendimiamos, la mayor parte de nuestras uvas de Garnacha son estrujadas y su mosto fermenta sin contacto con el hollejo a baja temperatura. En otro tanque, el resto de la Garnacha pasa una noche loca con las uvas de Viura, en contacto con las pieles, para que el mosto adquiera más estructura y su precioso color rosa pálido. Después, ya sin las pieles, fermenta también a baja temperatura.

 

El resultado es un clarete fresco, chispeante y delicado que va perfecto con cualquier tipo de ensaladas, apertivos, tapas, comidas exóticas, parrilladas... o solito.

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miguel@miguelmerinowinemaker.com